REAS en Chile: tecnología, trazabilidad y nuevas oportunidades

Los establecimientos de atención de salud enfrentan una paradoja difícil de resolver: deben mantener los estándares más estrictos de seguridad sanitaria y control de infecciones, pero al mismo tiempo reducir sus impactos ambientales y avanzar hacia modelos de operación más eficientes y circulares.

Esta tensión es especialmente evidente en la gestión de los Residuos de Establecimientos de Atención de Salud (REAS). No todos los residuos generados en una clínica, hospital o centro médico presentan el mismo nivel de riesgo. Una parte importante corresponde a residuos asimilables a domiciliarios, mientras que otra fracción requiere tratamientos específicos por sus características infecciosas, químicas, radiactivas o cortopunzantes.

El problema aparece cuando ambas corrientes se mezclan. Una segregación incorrecta en el punto de generación puede transformar un residuo potencialmente valorizable en un residuo que debe ser tratado como peligroso o especial. Esto incrementa los costos de manejo, dificulta la recuperación de materiales y puede aumentar innecesariamente el consumo energético asociado a tratamientos como la esterilización o la incineración. El desafío, por tanto, no consiste únicamente en gestionar correctamente el residuo una vez generado, sino en evitar que los materiales pierdan sus posibilidades de valorización durante las primeras etapas del proceso.

En este contexto, la combinación entre regulación sanitaria, Ley REP, trazabilidad digital e infraestructura tecnológica abre una oportunidad para repensar la gestión de residuos en los establecimientos de salud.

REAS: una gestión donde la segregación determina el destino

El marco sanitario chileno está determinado principalmente por el Decreto Supremo N.º 6 de 2009 del Ministerio de Salud, que establece disposiciones para el manejo de los residuos generados en establecimientos de atención de salud.

El reglamento diferencia cuatro grandes categorías según el nivel de riesgo. La Categoría 1 corresponde a residuos peligrosos, sujetos además al régimen del D.S. N.º 148, mientras que la Categoría 2 comprende residuos radiactivos de baja intensidad. La Categoría 3 corresponde a residuos especiales, asociados a potenciales agentes patógenos, incluyendo cultivos, residuos patológicos, sangre, cortopunzantes y determinados residuos de animales de laboratorio. Finalmente, la Categoría 4 comprende residuos sólidos asimilables a domiciliarios, como papeles, envases y otros materiales generados en áreas que no han estado expuestas a contaminantes clínicos.

Esta clasificación no es simplemente administrativa. Determina las condiciones de almacenamiento, manipulación, transporte y tratamiento que deberán aplicarse posteriormente. Por eso, la gestión comienza realmente en el punto de generación.

Los protocolos de manejo de REAS utilizan sistemas diferenciados de contenedores y bolsas para evitar que residuos de distinta naturaleza terminen mezclados. En términos generales, los flujos peligrosos, especiales y asimilables se mantienen separados desde los servicios clínicos hasta las áreas de almacenamiento y posterior retiro.

La lógica detrás de esta segregación es sencilla: mientras antes se pierda la separación, más difícil será recuperar el material posteriormente. Un envase limpio de plástico o cartón descartado junto con residuos clínicos potencialmente infecciosos puede dejar de ser un residuo valorizable en la práctica. La consecuencia es doble: aumenta el volumen de residuos que requiere tratamientos de mayor costo y, simultáneamente, disminuye la cantidad de materiales que pueden reincorporarse a procesos productivos.

Por ello, la jerarquía de manejo debería comenzar por la prevención y minimización en origen, continuar con la reutilización y valorización cuando sean técnica y sanitariamente posibles, y dejar el tratamiento y la disposición final para aquellos flujos que realmente lo requieran.

El verdadero desafío: transformar la segregación en información

Aquí aparece una primera oportunidad tecnológica. En un hospital, conocer cuánto residuo se genera no es suficiente. También es necesario saber dónde se genera, de qué categoría es, cuándo fue retirado, quién lo trasladó, dónde fue almacenado y cuál fue su destino.

Una solución para resolver estas interrogantes podría basarse en una arquitectura tecnológica basada precisamente en esta lógica. Sensores de peso, medición de llenado, códigos QR, RFID y sistemas de comunicación IoT pueden convertir los contenedores y puntos de generación en fuentes permanentes de información operacional.

El resultado es un cambio relevante: el residuo deja de ser solamente un elemento físico que debe ser retirado y pasa a convertirse también en un dato trazable dentro de un sistema de gestión.

De la bitácora al hospital inteligente

La digitalización de la gestión de REAS puede entenderse como una arquitectura de varias capas. En la base se encuentra la infraestructura física: contenedores, balanzas, sensores de llenado, dispositivos de identificación y puntos de almacenamiento. Sobre ella se construye una capa de conectividad que permite transmitir los datos hacia una infraestructura centralizada.

A continuación aparece la capa de datos, donde la información histórica puede consolidarse y relacionarse con variables operacionales del establecimiento. Finalmente, las capas analíticas y de optimización permiten transformar esos datos en predicciones, alertas y decisiones.

Esta arquitectura permite pasar desde una lógica reactiva (“¿cuánto residuo retiramos este mes?”) hacia preguntas mucho más útiles para la gestión: ¿Qué servicio está generando más residuos? ¿Qué fracción está aumentando? ¿Dónde se producen errores de segregación? ¿Cuándo se alcanzará la capacidad de almacenamiento? ¿Qué rutas internas son más eficientes? ¿Qué materiales están siendo enviados a tratamiento pese a que podrían haber sido valorizados?

La Inteligencia Artificial puede agregar una segunda capa de análisis. Modelos predictivos pueden utilizar históricos de generación y variables como el número de pacientes o la programación de pabellones para anticipar los volúmenes esperados. Asimismo, algoritmos de clasificación pueden utilizarse para detectar patrones anómalos que sugieran problemas de segregación.

Esto permite que la tecnología no solamente registre lo que ocurrió, sino que ayude a anticipar lo que probablemente ocurrirá.

Trazabilidad: del residuo físico al flujo digital

La incorporación de RFID o códigos QR permite asociar un identificador a cada contenedor o unidad de manejo y registrar eventos sucesivos a lo largo del proceso.

Así, una operación puede quedar asociada a variables como: punto o servicio de generación; categoría del residuo; peso; fecha y hora; almacenamiento intermedio; retiro; transportista o gestor; tratamiento; destino final o valorización.

La importancia de esta estructura no está solamente en disponer de más datos. Está en relacionar los datos entre sí.

Una tonelada de cartón, por ejemplo, tiene mucho más valor para la gestión ambiental si puede demostrarse de qué establecimiento provino, cuándo fue retirada, mediante qué operación fue entregada a un gestor y cuál fue finalmente su destino de valorización.

La trazabilidad digital, como la que desarrolla ConectaRecicla, permite construir precisamente esa cadena.

Inteligencia artificial para prevenir errores, no solo para analizarlos

Uno de los elementos más interesantes de las propuestas tecnológicas analizadas es la utilización de modelos de IA para detectar desviaciones en los patrones normales de generación.

Supongamos que una unidad clínica presenta históricamente una determinada relación entre residuos especiales y residuos asimilables. Si esa relación cambia abruptamente, el sistema puede identificarlo como una anomalía y generar una alerta para revisión.

El objetivo no es reemplazar al personal clínico ni automatizar una decisión sanitaria que debe permanecer bajo protocolos especializados. Es identificar tempranamente señales de que el proceso está funcionando de manera distinta a lo esperado.

Esta aproximación también puede incorporar Inteligencia Artificial Explicable (XAI), de manera que una alerta no sea simplemente una “caja negra”, sino que permita visualizar qué variables llevaron al sistema a identificar una desviación. Una alternativa puede ser, por ejemplo, utilizar modelos Random Forest para apoyar auditorías de calidad de segregación y generar alertas preventivas.

Esto es especialmente relevante en ambientes hospitalarios, donde la adopción tecnológica depende también de que los equipos puedan comprender y confiar en las recomendaciones del sistema.

La Ley REP agrega una nueva dimensión a la gestión hospitalaria

La gestión de REAS no puede analizarse de manera aislada de la evolución de la regulación ambiental.

Los establecimientos de salud utilizan diariamente grandes cantidades de productos que posteriormente se transforman en residuos. Entre ellos se encuentran envases y embalajes, pilas, baterías, aceites lubricantes y otros productos que pueden encontrarse dentro del ámbito de los productos prioritarios regulados por la Ley N.º 20.920.

En determinadas circunstancias, hospitales, clínicas y otros establecimientos pueden asumir el rol de consumidores industriales, lo que introduce una dimensión adicional respecto de la valorización y reporte de determinados residuos derivados de los productos prioritarios utilizados en sus operaciones.

Esto es importante porque la Ley REP no debe entenderse solamente desde la perspectiva de quien introduce productos al mercado. También existe una dimensión aguas abajo: qué ocurre con esos productos una vez que son utilizados y se transforman en residuos.

Aquí aparecen alternativas que pueden adquirir especial relevancia para el sector salud.

¿Qué alternativas abre la REP para hospitales y clínicas?

Una de las principales oportunidades está en conectar la gestión interna de residuos con sistemas externos de valorización formal y trazable.

En lugar de que un establecimiento simplemente contrate el retiro de sus residuos, puede estructurar un sistema donde los flujos valorizables sean identificados, pesados, documentados y vinculados con gestores y destinos autorizados.

La normativa derivada de la REP ofrece dos alternativas para el consumidor industrial: la valorización directa o autogestionada, mediante gestores autorizados, y la articulación mediante convenios de información con Sistemas Colectivos de Gestión.

Más allá de los detalles específicos que corresponda aplicar a cada producto prioritario y al régimen REP vigente, la idea central es especialmente relevante: la valorización puede dejar de ser una operación aislada de retiro de residuos y convertirse en un proceso integrado de información y cumplimiento ambiental.

Esto abre espacio para modelos donde el establecimiento pueda conocer de manera consolidada cuánto material está recuperando, qué gestores participan, qué destinos se están utilizando y qué respaldo documental existe para cada operación.

En otras palabras, la REP puede actuar como un incentivo adicional para profesionalizar la gestión de residuos valorizables dentro de los recintos asistenciales.

El desafío es integrar REAS y REP sin confundir sus objetivos

Existe una distinción fundamental. No todos los residuos hospitalarios pueden valorizarse. Las exigencias sanitarias y de bioseguridad establecen límites que la economía circular no puede ignorar.

El objetivo no debería ser “reciclar todo”. El objetivo es evitar que residuos que sí pueden ser gestionados mediante alternativas de valorización terminen innecesariamente en flujos de tratamiento o disposición final por problemas de segregación, falta de información o ausencia de coordinación con gestores adecuados. Esta diferencia es esencial.

Las unidades de cuidados intensivos y los pabellones quirúrgicos, por ejemplo, presentan restricciones sanitarias que hacen inevitable la existencia de determinadas fracciones no valorizables. Un estudio experimental (B. Biswas & J. Akomodi, 2026) muestra precisamente esta diferencia: mientras las salas de hospitalización común alcanzaron una tasa de reciclaje posterior del 60%, la UCI llegó al 45%, debido a las restricciones asociadas a la bioseguridad.

La tecnología, por lo tanto, no elimina las restricciones físicas o sanitarias. Lo que puede hacer es identificar dónde existen posibilidades reales de mejora y dónde existen límites que deben ser respetados.

De la trazabilidad sanitaria a la trazabilidad ambiental

La integración puede generar un cambio más profundo. Tradicionalmente, la trazabilidad de los residuos hospitalarios se ha asociado principalmente al control sanitario: saber qué residuo se generó, cómo debe manejarse y dónde debe ser almacenado o eliminado.

La digitalización permite agregar una segunda dimensión: la trazabilidad ambiental. En ella, el sistema puede conectar la generación del residuo con su valorización y con los antecedentes necesarios para demostrar el resultado ambiental de la operación.

Esto resulta particularmente relevante para los residuos valorizables asociados a productos prioritarios. El dato de “se retiraron 500 kg de cartón” es operacionalmente útil, pero un sistema trazable puede ir mucho más allá: qué unidad lo generó, cuánto se separó efectivamente, qué gestor lo recibió, cuánto fue valorizado y cuál fue su destino.

La diferencia está entre registrar una cantidad y construir una evidencia.

El hospital circular no es el que recicla todo

La transición hacia hospitales más sostenibles no consiste en eliminar las exigencias sanitarias para aumentar artificialmente las tasas de reciclaje.

Por el contrario, consiste en utilizar mejor la información disponible para distinguir entre aquello que debe ser tratado como residuo sanitario de riesgo y aquello que puede mantenerse dentro de circuitos de valorización.

La verdadera innovación está en esa capacidad de distinguir, separar y demostrar.

El D.S. N.º 6 entrega las condiciones sanitarias que deben respetarse. La Ley REP agrega incentivos y responsabilidades respecto de determinados productos prioritarios y sus residuos. La infraestructura IoT permite capturar información desde el punto de generación. La trazabilidad digital conecta los eventos de manejo. Y la Inteligencia Artificial permite convertir los datos históricos en alertas, predicciones y decisiones.

El resultado potencial es un nuevo modelo de gestión: un sistema donde cada flujo de residuos puede ser observado, medido y gestionado de acuerdo con sus características reales.

Para el sector salud, esto significa avanzar desde una gestión basada principalmente en protocolos y registros hacia una gestión respaldada por datos en tiempo real.

Y para la economía circular, significa algo todavía más importante: incorporar uno de los ecosistemas de generación de residuos más complejos del país a una infraestructura capaz de identificar, separar y conectar aquellos materiales que todavía tienen valor.

La próxima generación de hospitales verdes no dependerá únicamente de reciclar más. Dependerá de saber exactamente qué se está descartando, dónde se está descartando, por qué ocurre y qué alternativas existen para cada flujo.

La tecnologización de la gestión de REAS puede ser el puente entre esas preguntas y decisiones concretas, convirtiendo la trazabilidad en una herramienta no solo de cumplimiento, sino también de eficiencia, circularidad y gestión estratégica.


Fuentes:

  • A review on digital transformation in healthcare waste management: Applications, research trends and implications. Sharma, V., & Agrawal, R. (2024).
  • Artificial intelligence-based digital twin framework for circular economy optimization in healthcare waste management. Biswas, B., & Akomodi, J. O. (2026).
  • Effective medical waste management for sustainable green healthcare. Lee, S. M., & Lee, D. (2022).
  • Ministerio de Salud de Chile. (2009). Decreto Supremo N.º 6: Reglamento sobre manejo de residuos de establecimientos de atención de salud.
  • Ministerio de Salud de Chile. (2010). Manejo de residuos de establecimientos de atención de salud (2.ª ed.). Subsecretaría de Salud.