Economía circular en la construcción: del reciclaje a la reutilización

La economía circular en construcción ha dejado de ser una declaración de principios para convertirse en un eje estratégico de política pública y competitividad empresarial. En Chile, la Hoja de Ruta RCD y Economía Circular en Construcción 2035 impulsada por Construye2025 marcó un punto de inflexión al establecer metas concretas de valorización de residuos, trazabilidad y reducción de impactos asociados a la edificación. Sin embargo, cuando contrastamos los avances normativos y sectoriales con la evidencia científica más reciente, emerge una pregunta incómoda: ¿estamos priorizando las estrategias circulares con mayor potencial climático o seguimos anclados en el reciclaje como solución predominante?

Este analizaremos el estado actual de la economía circular en la industria de la construcción, integrando tres dimensiones complementarias: (1) el mapeo de prácticas reales en materiales clave como acero, cemento, vidrio, ladrillo, aislantes y madera; (2) las brechas en la implementación de las estrategias de mayor jerarquía del marco 9R; y (3) la evidencia cuantitativa sobre los impactos ambientales comparados entre reutilización, reciclaje y disposición final. El hilo conductor es claro: la transición circular está ocurriendo a nivel global, pero su foco aún no maximiza la reducción de emisiones ni la retención de valor material.

El estado actual de la economía circular en la construcción: una transición centrada en el reciclaje

Un análisis sectorial reciente sobre acero, cemento, vidrio, ladrillos, aislantes y madera muestra que la mayoría de las prácticas circulares implementadas en construcción se concentran en el fin de vida de los materiales. Es decir, predominan estrategias asociadas al reciclaje (R8) y, en menor medida, a la recuperación energética (R9).

En el acero estructural, por ejemplo, el uso de chatarra como insumo secundario está ampliamente extendido en hornos eléctricos de arco. Respecto del vidrio, el cullet reciclado reduce parcialmente el consumo energético en la fabricación. Para el caso del hormigón, la producción de áridos reciclados para subbases o rellenos se ha convertido en una práctica habitual en muchos mercados. Desde una perspectiva técnica, estos avances son relevantes: disminuyen la extracción de recursos vírgenes y reducen ciertos impactos del ciclo de vida.

Sin embargo, el mapeo sectorial también revela un patrón estructural: la economía circular en construcción se ha implementado principalmente como una mejora incremental del modelo lineal. En vez de replantear el diseño, la intensidad de uso o la vida útil de los edificios, la industria ha optimizado la gestión de residuos al final del proceso. Este enfoque es coherente con la inercia tecnológica del sector, pero plantea limitaciones cuando el objetivo es la neutralidad climática.

En Chile, esta tendencia también se observa en la priorización de metas de valorización de RCD y en el fortalecimiento de plantas de reciclaje. No obstante, la pregunta estratégica es si este énfasis será suficiente para cerrar la brecha de emisiones del sector construcción.

Lo que aún no estamos haciendo: las R imperativas subrepresentadas

Cuando se analiza la literatura académica bajo el marco de las 9R, que va desde rechazar (R0) hasta recuperación energética (R9), se evidencia que las estrategias más transformadoras están subrepresentadas. Mientras el reciclaje lidera ampliamente la investigación y la implementación, imperativos como reducir (R2), reparar (R4), reacondicionar (R5), remanufacturar (R6) o repensar la intensidad de uso (R1) tienen una presencia marginal.

Esto no es trivial. Las estrategias R0–R2, asociadas a suficiencia y eficiencia material, son las que potencialmente pueden reducir la demanda absoluta de recursos. En un sector donde el consumo global de materiales podría casi duplicarse hacia 2060, limitarse al reciclaje implica aceptar que la extracción seguirá creciendo, aunque parcialmente compensada.

Asimismo, las estrategias R3–R7, que buscan extender la vida útil de edificios y componentes, siguen siendo incipientes. La reutilización estructural, el diseño para desmontaje (DfD), los pasaportes digitales de materiales y la modularidad aparecen en la literatura como habilitadores clave, pero su aplicación real es aún limitada. Esto es especialmente crítico en materiales como el hormigón y el ladrillo, donde la reutilización directa es técnicamente más compleja que en la madera o el acero.

Por tanto, la economía circular en construcción enfrenta una paradoja: se autodefine como circular, pero concentra sus esfuerzos en los eslabones finales de la cadena de valor, en lugar de intervenir estructuralmente el diseño, la vida útil y la demanda material.

¿Por qué importa esta brecha? La evidencia climática es contundente

La discusión anterior podría parecer conceptual si no fuera por un elemento decisivo: los impactos ambientales comparados entre reutilización y reciclaje.

Un meta-análisis reciente de estudios de Análisis de Ciclo de Vida (ACV), armonizados metodológicamente, muestra que los escenarios de reutilización generan impactos ambientales significativamente menores que los de reciclaje. Tras la armonización parcial de los estudios, el impacto ambiental promedio de la reutilización equivale aproximadamente al 58% del impacto asociado al reciclaje. Cuando la armonización es completa, esta cifra se sitúa en torno al 63%.

En otras palabras, reutilizar componentes estructurales reduce del orden de 37–42% las emisiones frente a reciclarlos. Y el reciclaje, a su vez, presenta impactos que rondan entre 61% y 73% de los asociados al vertedero, dependiendo del grado de armonización.

Más aún, en sistemas diseñados para desmontaje o en estructuras de madera masiva, los impactos de reutilización pueden situarse entre 20% y 50% de los impactos del reciclaje. Este diferencial no es marginal; es estructural.

Por tanto, desde una perspectiva climática, no todas las estrategias circulares son equivalentes. El reciclaje es mejor que el vertedero, pero la reutilización es consistentemente mejor que el reciclaje. Si el objetivo es mitigar emisiones de carbono incorporado, que ya representan más del 50% del impacto total del ciclo de vida en muchos edificios eficientes, la priorización estratégica debería reflejar esta jerarquía.

Materiales críticos: entre el potencial técnico y la realidad sectorial

Al observar materiales específicos, se evidencian oportunidades y restricciones diferenciadas. Para el caso del acero, la reutilización de perfiles estructurales completos puede evitar tanto los procesos de fundición como la pérdida de propiedades asociada al reciclaje, pero requiere trazabilidad, certificación y estandarización dimensional. En el hormigón, la reutilización directa es limitada, pero el diseño modular y el desmontaje planificado podrían permitir recuperar elementos prefabricados completos en lugar de triturarlos.

En la madera estructural, la reutilización muestra uno de los mayores beneficios climáticos, dado su almacenamiento biogénico de carbono y la menor energía incorporada en procesos secundarios. Sin embargo, su viabilidad depende de sistemas de conexión reversibles y de marcos normativos que reconozcan la seguridad estructural de elementos reutilizados.

Aquí emerge un punto clave: el diseño condiciona el potencial circular. Sin diseño para desmontaje, sin pasaportes de materiales y sin modelos de negocio que integren recompra o logística inversa, la reutilización seguirá siendo una excepción.

Reorientar la economía circular en construcción hacia la jerarquía superior

Si la evidencia muestra que la reutilización estructural tiene mayores beneficios climáticos, y si las estrategias R0–R7 están subrepresentadas, entonces la hoja de ruta sectorial debería evolucionar. Esto implica que la economía circular en la construcción no puede medirse solo por tasas de reciclaje o porcentajes de valorización, sino por la extensión de la vida útil de activos, la reducción de demanda primaria y la retención de valor estructural.

Para Chile, esto significa complementar los avances en gestión de RCD con incentivos al diseño reversible, estándares para componentes reutilizados, y esquemas de certificación que integren carbono incorporado en las decisiones de inversión. Significa también incorporar criterios de suficiencia —como la optimización de superficies y la intensidad de uso— en la planificación urbana.

No se trata de abandonar el reciclaje, sino de situarlo en su lugar jerárquico correcto. El reciclaje es una estrategia necesaria, pero no suficiente.

El rediseño es clave para ir más allá del reciclaje

La transición hacia una economía circular en la construcción está en marcha, tanto a nivel global como en Chile. Sin embargo, al analizar las prácticas sectoriales más llevadas a cabo en circularidad, las brechas en la implementación de las 9R y la evidencia climática, se demuestra que el foco actual aún no maximiza el potencial de mitigación.

Mientras la industria continúe priorizando el reciclaje como principal indicador de circularidad, se estará capturando solo una fracción del beneficio ambiental posible. La reutilización estructural, el diseño para desmontaje y la reducción de demanda material no son estrategias complementarias: son el núcleo de una transformación profunda.

En definitiva, el desafío no es hacer más reciclaje, sino rediseñar el sistema constructivo para que la reutilización sea la norma y no la excepción. Solo así la economía circular en la construcción podrá cumplir su promesa climática y convertirse en una herramienta real de descarbonización estructural.


Fuentes:

  • Mapping circular economy practices for steel, cement, glass, brick, insulation, and wood – A review for climate mitigation modeling – A. Lima et al. (2024)
  • A meta-analysis of environmental impacts of building reuse and recycling – P. Jegen, L. Gast & M. Faulstich (2025)
  • A review of the implementation of R-imperatives in circular construction – B. Zheng et al. (2025)